¿Es real la brujería? Lo que realmente pasa detrás de los rituales y las creencias
ene, 8 2026
Si alguna vez has visto a alguien quemar velas, pronunciar palabras en un lenguaje extraño o enterrar un objeto bajo la luna llena, te habrás preguntado: ¿esto realmente funciona? La brujería no es un truco de magia con cartas o monedas que desaparecen. Es algo más profundo, más antiguo, y mucho más complejo. Muchos la ven como una forma de espiritualidad, otros como una superstición sin fundamento, y algunos la tratan como un entretenimiento moderno. Pero la pregunta no es si los hechizos hacen que las cosas sucedan, sino por qué tantas personas creen que sí.
¿Qué es la brujería, realmente?
La brujería no es un solo sistema. Es una colección de prácticas que varían según la cultura, la época y la comunidad. En algunas partes del mundo, como en partes de África, Latinoamérica o Europa del Este, se considera una tradición ancestral con rituales heredados durante generaciones. En otras, como en Estados Unidos o España, se ha transformado en una práctica espiritual moderna, a menudo ligada al neopaganismo o al wicca. No hay un libro único, ni un líder, ni un dogma central. Lo que sí tienen en común es la creencia de que la mente, el intención y los símbolos pueden influir en el mundo físico.
Algunos practicantes usan hierbas, cristales, velas, danzas o cantos. Otros solo meditan o escriben listas de deseos. No todos usan calderos ni escobas voladoras -esos son clichés del cine. La brujería real no se parece a lo que ves en Harry Potter. Se parece más a un diario personal con rituales, a una práctica de atención plena con un toque simbólico.
¿Funciona porque hay poderes ocultos, o porque la mente lo cree?
Estudios de psicología cognitiva han demostrado que las personas que practican rituales similares a los de la brujería -como tocar algo por suerte, repetir frases positivas o hacer gestos simbólicos- experimentan una reducción real del estrés. Un estudio publicado en la revista Psychological Science en 2010 mostró que los participantes que realizaron un ritual antes de un examen de matemáticas se sintieron más seguros y obtuvieron mejores resultados, no porque el ritual cambiara el examen, sino porque cambiaba su percepción de sí mismos.
La brujería, en este sentido, actúa como una especie de terapia simbólica. Cuando alguien quema una carta con el nombre de una persona que le causó daño, no está enviando un hechizo mágico. Está liberando emociones reprimidas. Cuando coloca una piedra en su bolsillo como amuleto, no está invocando a espíritus. Está recordándose a sí mismo que es fuerte. El poder no está en el objeto. Está en la persona que le da significado.
La diferencia entre brujería y trucos de magia
Los trucos de magia, como los que ves en YouTube o en espectáculos en vivo, están diseñados para engañar a los sentidos. Un mago hace que una moneda desaparezca usando movimientos rápidos, escondites o distracción. No hay magia real. Solo habilidad, práctica y psicología. La brujería, en cambio, no intenta engañar. Quien la practica cree, de verdad, que está conectando con algo más grande. No hay un público que aplauda. Solo una persona, un ritual, y su intención.
Si un mago te muestra cómo hacer que una carta aparezca detrás de tu oreja, puedes aprenderlo en cinco minutos. Si alguien te enseña cómo hacer un ritual de limpieza energética, no te enseña un truco. Te enseña una forma de cuidarte. Uno es entretenimiento. El otro es autocuidado con símbolos.
¿Por qué la brujería sigue viva en el siglo XXI?
En un mundo donde todo es rápido, impersonal y digital, la brujería ofrece algo raro: lentitud, control personal y conexión. En una época en la que los algoritmos deciden qué compras, qué piensas y quién eres, hacer un ritual -encender una vela, escribir tus miedos en un papel y quemarlo- es una forma de decir: "yo decido".
En Santa Barbara, donde vivo, hay grupos de mujeres que se reúnen cada luna llena en la playa. No llevan túnicas ni cantan en latín. Llevan chaquetas de invierno, termos de té y papeles con lo que quieren soltar. Lo hacen porque les ayuda a respirar. No creen que el océano les envíe mensajes. Creen que, al hacerlo juntas, se sienten menos solas.
La brujería no está de moda porque sea misteriosa. Está de moda porque es humana.
¿Qué pasa con los hechizos de amor o de dinero?
Sí, hay gente que busca hechizos para que alguien se enamore de ellos o para atraer dinero. Y sí, hay quienes venden "paquetes de hechizos" en internet por 50 dólares. Pero estos no son rituales auténticos. Son productos de consumo, como un curso de meditación en una app. La verdadera brujería no se vende. Se vive.
Un hechizo de amor real no hace que alguien te ame. Te ayuda a entender qué quieres, qué necesitas, y qué estás dispuesto a dejar ir. Un ritual de abundancia no llena tu cuenta bancaria. Te obliga a mirar tus hábitos de gasto, tus creencias sobre el dinero, y tus miedos a no tener suficiente. La magia no cambia tu vida. Tu decisión sí.
¿Es peligrosa la brujería?
La brujería no es peligrosa por sí misma. Lo peligroso es cuando alguien la usa para manipular, controlar o explotar. Como con cualquier creencia, el peligro está en las personas, no en los símbolos. Hay quienes usan la brujería para asustar, para vender productos falsos, o para hacer sentir mal a quienes no entienden. Pero eso no es brujería. Eso es estafa.
La brujería auténtica no te pide que creas en lo que no puedes ver. Te pide que te preguntes: ¿qué necesito sanar? ¿Qué estoy evitando? ¿Qué puedo soltar?
¿Puedes aprender brujería?
Sí. Pero no como un truco de magia. No hay un video de YouTube que te enseñe a lanzar un hechizo y que funcione. La brujería se aprende con el tiempo, con la observación, con la práctica y con la reflexión. Empieza con algo simple: elige un objeto que te haga sentir tranquilo -una piedra, una flor seca, una foto- y hazle un pequeño ritual una vez a la semana. No necesitas incienso ni cánticos. Solo cinco minutos de silencio, y preguntarte: ¿qué necesito hoy?
Si lo haces durante un mes, notarás algo extraño: ya no estás buscando respuestas afuera. Estás empezando a escucharte.
¿La brujería es religión?
No necesariamente. Puedes ser católico, ateo, musulmán o budista y practicar rituales similares a los de la brujería. No es una religión organizada. Es una práctica personal. Algunos la integran en su fe. Otros la usan como herramienta de bienestar. Lo importante no es lo que crees. Lo importante es lo que sientes cuando lo haces.
La brujería no te exige que dejes tu religión. Solo que te acuerdes de ti mismo.
Conclusión: ¿Es real?
La brujería no hace que las cosas sucedan por magia. Pero hace que tú cambies. Y cuando tú cambias, el mundo a tu alrededor también lo hace. No es un poder sobrenatural. Es un poder humano: el de la intención, la atención y la creencia en uno mismo.
Si crees que la brujería es real, lo es. No porque los espíritus respondan. Sino porque tú, al practicarla, te vuelves más consciente, más fuerte, más dueño de tu vida.
¿La brujería puede causar daño a otras personas?
No, si se practica con ética. La brujería auténtica se basa en la intención personal, no en el control de otros. Intentar hacer daño a alguien con un hechizo no es brujería: es venganza disfrazada de ritual. La mayoría de las tradiciones de brujería tienen una regla clave: "lo que envías, regresa". No es una amenaza mágica, es una advertencia psicológica: si actúas con odio, tú eres quien se lastima primero.
¿Necesitas comprar cosas caras para hacer brujería?
No. Las velas, cristales y libros de hechizos que venden en internet son productos de consumo, no herramientas esenciales. Puedes hacer un ritual con una hoja de papel, una vela de cumpleaños, agua del grifo y tu propia voz. Lo que importa no es el precio del objeto, sino el significado que le das. Muchos practicantes usan objetos encontrados en la naturaleza: una piedra, una hoja, una pluma. Lo auténtico no se compra. Se encuentra.
¿Pueden los científicos explicar la brujería?
Sí, pero no como magia. La ciencia explica cómo los rituales reducen el estrés, mejoran la atención y refuerzan la identidad personal. Estudios en neurociencia muestran que repetir acciones simbólicas activa áreas del cerebro relacionadas con la autorregulación emocional. La brujería no desafía la ciencia. La complementa. No se trata de lo que no se entiende. Se trata de lo que se siente.
¿Es la brujería solo para mujeres?
No. Aunque históricamente ha sido asociada con mujeres por la represión social, la brujería no tiene género. En muchas culturas indígenas, los hombres son los curanderos, los chamanes o los guardadores de los rituales. Hoy, hombres, no binarios y personas de todos los géneros practican brujería como forma de conexión, sanación y empoderamiento. Lo que importa no es tu cuerpo. Es tu intención.
¿Si dejo de practicar, se pierde el poder?
El poder no estaba en el ritual. Estaba en ti. Si dejas de hacerlo, no pierdes magia. Solo dejas de usar una herramienta. Al igual que dejar de correr no te quita la fuerza, dejar de hacer rituales no te quita tu capacidad de sanar. La brujería no es un contrato con lo invisible. Es un hábito contigo mismo. Y los hábitos se pueden retomar cuando quieras.
